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jueves, 16 de junio de 2011

4-Sombra en Exilio


En un sombrío callejón del pequeño pueblo de Sombra una luz apareció de repente. Un perro flacucho que estaba buscando algo que llevarse a la boca en un cubo de basura volcado, se asustó con aquel destello y salió corriendo con el rabo entre las piernas. Los seis miembros del grupo aparecieron. Aquel viaje a través del portal no había sido tan desagradable como el anterior. Los tres edenitas notaron un ligero mareo pero nada que ver con las otras dos veces. Aquellas armaduras eran realmente útiles.
               Los muros de los edificios de aquella oscura y lúgubre calle eran color arena y estaban sucios y mohosos. El suelo estaba cubierto por una ligera capa de polvo. Mientras salían del callejón encabezando el grupo León, Flip informó un poco a los demás sobre el país. Exilio entero era un abrasador y seco desierto, conocido antiguamente como el desierto Amarillo. Sombra se encontraba al lado del mar aunque allí el desierto también había llegado. Exilio constaba de pequeños poblados que se construían alrededor de los pozos de agua que excababan. En ocasiones se secaban y tenían que partir en busca de más abandonando sus hogares. El país estaba muy poco poblado. En ocasiones sus habitantes intentaban escalar el enorme muro que separaba a su país con Edenia, la tierra de los sueño, pero solían perecer en el intento. Había dos grandes puertas que separaban los dos países pero era imposible franquearlas sin un pase especial. Los habitantes nativos de Exilio eran los edenitas oscuros, los cuales sólo se diferenciaban de sus vecinos por un tono café en su piel y generalmente por ser algo mas corpulentos; y por aquel simple motivo eran repudiados por los habitantes blancos de Edenia. La gobernadora era la mestiza hermana del gran emperador Don Mefistus III, el Dios, repudiada por él. Su nombre era Afrodita y al parecer su belleza era espectacular a pesar de tener un hermano tan poco agraciado como Mefistus. Afrodita había sido exiliada por su hermano junto a su madre y un guardia real a Exilio pensando que allí morirían de hambre. Pero Dios se llevó una sorpresa cuando descubrió que se había convertido en emperatriz.
-         Hemos aparecido en la parte oeste del pueblo, Fénix vive al este, en el mismo puerto al que vamos a entrar.
-         ¿Queda muy lejos? – pregunto Seda, el representante de los topos.
-         El pueblo es pequeño, en unos pocos minutos llegaremos. – Contestó Panterra.
Al cambiar a una vía más amplia una agradable brisa marina les inundó las fosas nasales. Empezaron a seguir esa calle que cruzaba la anterior y ligeramente se iba inclinando cuesta abajo. Las calles estaban poco habitadas, se cruzaron con un par de personas que iban tapados con túnicas y turbantes blancos que impedían verles el rostro a excepción de los ojos. Las grandes tormentas de arena que asolaban el país llegaban a la costa y sus habitantes se habían acostumbrado a ir protegidos. Al cruzar un edificio más alto ante ellos apareció ante sus ojos la inmensidad. El cielo y el mar se separaban por una línea curva en el horizonte. Seda se paró, cerró los ojos.
-         Maravilloso.
Poco después la calle desembocaba en el puerto. El mar estaba completamente calmo y los barcos habían salido a faenar por lo que el puerto estaba bastante vacío. Sólo quedaban unos pocos cargueros amarrados. El asfalto recubierto de arena se cortó de golpe y un ligero escalón daba paso al muelle, que había sido construido  pacientemente con secos y sólidos troncos de los secos árboles que crecían en el desierto. La mayoría de las casas que estaban de cara al mar eran cabañas de pescadores construidas de madrera, aunque una de ellas destacaba sobre las demás. Entre dos cabañas había una gran casa que estaba construida de aquel cemento color arena.
-         Esa es la casa de Fénix, desde allí dirige a la resistencia de todo el mundo.
-         ¿Desde ahí? – preguntó extrañado el joven soldado Trébol.
-         Ahora lo veréis – habló con una sonrisa en los labios Flip – está bien equipada la casita.
Trébol levantó la cabeza y vio que en el tejado de la casa había una enorme antena. Estaba claro que la casa no era como las demás.
Flip apretó el pequeño interruptor del timbre y una agradable melodía sonó. Esperaron.
Y esperaron más.
-         Aquí no parece que haya nadie – dijo Seda unos minutos después.
Pero Flip estaba tranquilo.
-         Paciencia amigos
Al poco rato una mirilla se abrió y una voz de señora habló.
-         ¿Quién anda ahí?
Parecía que había una contraseña para confirmar que eran de los suyos.
-         Por la liberación de los pueblos de la galaxia y del nuestro mismo lucharemos y si es necesario moriremos.
-         Muy bien ahora os abro.
Flip había nacido y se había criado en Sombra y conocía a aquel hombre como contó a los demás. Sus padres habían muerto en un accidente cuando él todavía era un niño. Todos los niños de Exilio eran educados desde pequeños a lo militar y a los dieciséis años Flip consiguió un traslado a la capital del país vecino, que era a dónde mandaban a los mejores pasando la aduana escondidos en camiones que llevaban exóticos productos alimenticios.
-         ¿En qué puedo ayudarles?
La puerta se abrió y los recibió una gruesa mujer. Era una edenita oscura de piel color café, de ya avanzada edad. Llevaba el pelo corto rizado. Unas pequeñas gafas reposaban en su rechoncha nariz. Su cara redonda reflejaba la desconfianza.
-         ¿Ya no te acuerdas de mi Medusa? – le habló sonriente Flip.
Aquella mujer clavó la mirada en Flip y entonces su expresión cambió, una sonrisa se dibujó en su rostro.
-         ¡Flip!, como has cambiado - y dio un afectuoso abrazo al fornido guerrero – pasad, pasad Fénix está dentro, delante del ordenador como siempre.
Los seis extravagantes personajes entraron en la casa. Era mucho más espaciosa de lo que parecía. En la entrada se habría directamente un amplio salón, en el que había dos enormes sofás y una gran televisión colgada en la pared.
-         Cuando vienes a visitarnos deberías de avisar, ahora iré buscar unas pastas y algo de beber y …
-         No te preocupes Medusa, tenemos prisa. Tenemos que ver a Fénix urgentemente. Las cosas no van bien.
-         Está bien, seguidme – dijo con una mirada curiosa.
Era una casa realmente acogedora. Estaba llena de adornos, figuritas, lámparas, etc. Una gran alfombra  a cuadros de colores diversos adornaba el centro de aquel salón. En un lateral había una escalera que conducía al piso de arriba. Los escalones estaban forrados de alfombra verde. Medusa seguida por los viajantes interdimensionales subió por ella. Lo que encontraron allí arriba no era una típica sala de una casa común. El piso de arriba era enteramente una habitación llena de ordenadores, radares y demás aparatos. Había un hombre de espaldas a ellos encorvado mirando el monitor de un ordenador. Al escucharlos se dio la vuelta.
-         ¿Quién demonios sois y qué hacéis en mi casa?  - a diferencia de su mujer y de todos los habitantes del pueblo, Fénix no era un edenita oscuro. Su piel era rosácea y su pelo y su gran bigote eran castaño claro moteado de canas blancas. Su rostro estaba cubierto de arrugas que por su delgadez se le agudizaban más. Sus enormes cejas grises se fruncían en una oscura mueca.
-         ¿Usted es el señor Fénix? – se adelantó Seda – un placer, yo soy el representante del gran rey topo Lombriz XIII, Gusano de Seda, pero me puede llamar Seda. Tenemos un asunto muy importante e urgente del que hablar.
-         Lo siento – tajó el anciano -  no puedo atenderlos, estoy muy ocupado, márchense inmediatamente.
-         Escucha Fénix – dijo Panterra – esto es muy importante, depende de ello la supervivencia de la resistencia de todo el planeta.
-         ¿Quién eres tú?, ¿eres de los nuestros?
-         Nosotros tres somos miembros de la resistencia de la capital – intervino Flip - ¿no me recuerdas? Soy Flip, tienes que escucharnos.
-         ¿Flip? Menos mal que hay alguien vivo. Llevo horas intentando contactar con el capitán de las fuerzas en ciudad Adan y nadie me responde.
-         Es posible… - el rostro de Panterra se oscureció – es posible que estén todos muertos. El ejército celestial nos tendió una emboscada cuando estábamos a punto de asaltar un furgón de armas de último modelo y es probable que conocieran nuestros movimientos y nuestros escondites.
-         ¡Eso es terrible! Debo mandar refuerzos allí inmediatamente, o…
-         No hay tiempo, es demasiado tarde para ellos, hay algo mucho mas importante – lo interrumpió el pequeño topo – nuestras fuentes han descubierto que el ejército ha desenmascarado quién lidera la resistencia y que han preparado un ejército para erradicarla por completo. Un ejército dirigido por el subcomandante Sapus capacitado para conquistar planetas enteros.
-         Eso significa que ese ejército vendrá hacia aquí en breve – dijo Panterra.
-         Esto es terrible – Fénix sentado en su silla se tapó la cara con las manos y los codos apoyados en las piernas – es realmente terrible.
-         Mi rey lidera al único ejército capaz de enfrentarse al imperio celestial, todavía no es lo suficientemente fuete, pero va creciendo y está dispuesto a daros asilo a todos. A todo el pueblo. A cambio solo pide que os unáis a nosotros en la lucha.
-         No lo entendéis yo no soy el líder, no puedo tomar esa decisión…
De repente un monitor se encendió y apareció el rostro de un soldado aparentemente alterado.
-         ¡Capitán Fénix! ¿me recibe?, ha ocurrido algo terrible un ejército ha surgido de la puerta del sur, creo que se dirige hacia ciudad Tornado, nuestras fuerzas han sido masacradas cual insecto. Traen vehículos de camuflaje y armas de máxima potencia…
-         Escucha, retiraros inmediatamente de ahí…
Pero fue demasiado tarde se escuchó un estallido, el alterado soldado se giró bruscamente y la imagen se perdió. Antes de cortarse el sonido se oyó un desgarrador grito.
-         No puede ser, se dirigen a ciudad Tornado – Fénix estaba hundido.
-          ¿Qué hay tan importante allí? – intervino por primera vez el silencioso Trébol.
-         Ya he dicho que yo no soy el que dirige todo esto – el hombre no levantaba la cabeza, parecía haberse rendido, la frustración y la desesperación habían podido con él – allí reside nuestra emperatriz, mi niña Afrodita. Ella es la que está detrás de todo. Y ahora no podré salvarla. ¿cómo llegaré allí?
-         Por eso estamos aquí, basta de lloriqueos no hay tiempo que perder, necesito que me diga las coordenadas exactas del pueblo, y tú Trébol ve a buscar al escuadrón, ha llegado el momento de actuar – Raptor sólo hablaba cuando era necesario, pero su sangre fría lo convertía en un auténtico líder y magnífico aliado.
-         ¡Si señor! – Trébol abrió la tapa del pequeño computador que llevaba en el brazo, apretó unas teclas,  un portal se abrió y saltó rápidamente a él.
Todo había ocurrido mucho antes de lo previsto y ahora no tenían tiempo de pensar, tenían que actuar. Toda la raza de los edenitas oscuros estaba amenazada y si no actuaban con presteza, sin dudarlo serían masacrados sin excepción. Fénix dijo las coordenadas exactas de la ubicación de la ciudad Tornado. Raptor rápidamente tecleó en el pequeño teclado de su brazo y otro portal se abrió.
-         Seda, adelántate con León, Panterra, Flip y Fénix, yo esperaré al escuadrón – la voz firme del reptil impedía vacilación alguna. Aunque oficialmente Seda era de rango superior obedeció las órdenes sin rechistar.
-         ¡Qué clase de tecnología es esa! – Fénix no daba crédito a lo que veían sus ojos.
-         Es la forma más rápida que existe de viajar por el universo. Automáticamente apareces donde quieres en un abrir y cerrar de ojos – le explicó el silencioso León.
-         Es magnífico, así llamaré a todas las tropas que están aquí en el pueblo, y los teletransportaremos a Tornado.
-         ¡No!, los soldados aquí no están preparados para viajar por portales, allí con los efectos del viajen serían un estorbo. Dime Fénix, ¿ciudad Tornado tiene murallas? – tronó la voz de Raptor.
-         Si, pero…
-         Bien, evacuad a todos los civiles al castillo o al edificio más grande y apartado de las puertas de la ciudad que tengáis y reunir las tropas allí preparadas para resistir. Necesitaremos tiempo para evacuar a todo la gente – lo interrumpió el lagarto sin darle la oportunidad de acabar su frase.
-         No tardéis, vamos chicos – dijo Seda al reptil. Indicó a los demás que saltaran al portal.
León, Panterra y Flip saltaron. Cuando iba a saltar Fénix apareció su mujer y corrió hacia él.
-         ¡Qué está pasando cariño!
Fénix miró de reojo a Raptor. El lagarto clavó sus ojos a los de la agradable mujer.
-         Escuche señora, su marido tiene que venir con nosotros, la vida de la princesa y la de todo vuestro pueblo depende de él. Necesito que usted reúna a todo el pueblo en un punto y lo prepare para abandonar sus hogares. Qué solo cojan lo estrictamente necesario. En aproximadamente un par de horas vendremos a buscaros.
La mujer miró a los ojos al lagarto. Era inteligente y sabía que aquello era irremediable y que pasase lo que pasase su pueblo ahora necesitaba a alguien que lo  preparara y que ese alguien era ella. Asintió y se marchó a paso ligero por las escaleras.
-         Vamos.
Fénix y Seda también desaparecieron por el portal.

               Raptor esperó unos pocos minutos y cinco portales se abrieron ante él. De el primero salió Caracol, un guerreo topo, ataviado con una pequeña armadura protectora y un gorro de cuero. También llevaba unas grandes gafas protectoras sujetas con una gruesa goma. De cintura para abajo estaba desnudo y en los brazos a parte del ordenador no llevaba nada. En su espalda, metido en su funda tenía un rifle de asalto de precisión. Del segundo portal apareció el joven Trébol. Del tercer portal apareció Roble, un guerrero floriano, del mismo planeta que Trébol. No era excesivamente alto como era común en su raza pero era muy robusto y musculoso. Su cuello parecía el tronco de un árbol y sus gruesos brazos eran capaces de atravesar cualquier cosa de un puñetazo. Su anaranjada cabeza estaba desnuda y en su afeitado cráneo llevaba un tatuaje de una rosa roja. Su cara era ancha y su nariz parecía haberse roto en innumerables ocasiones. Llevaba la armadura protectora encima de un ajustado jersey negro. En un brazo llevaba el ordenador y en otro una muñequera metálica. Sus pantalones ajustados eran de color azul marino y sus botas enormes capaces de aplastar piedras si fuese necesario. Del cuarto portal salió Esturión, veterano soldado tritón. Al igual que Agua, su cola de pez reposaba en unas piernas mecánicas. Pero eso no le reducía la movilidad ya que los poderes psíquicos que poseían los habitantes de Oceania les ayudaban a controlarlas perfectamente. Llevaba un casco blanco hecho con el increíble coral que se encontraba en su mundo. Iba vestido con la armadura protectora y unas placas metálicas plateadas en los brazos y armado con un escudo también plateado con el emblema de la emperatriz grabado en oro en el centro y con un tridente de mango negro y puntas blancas, también de coral. Esturión era capaz de proyectar potentes rayos psíquicos a través de su tridente. Su rostro era serio implacable, era el soldado perfecto. Arrugas surcaban su cara y su mirada reflejaba muchas batallas ganadas. Una barba negra cubría la parte inferior de la cara. Por último, del quinto portal salió Rubí guerrera letal lunariana. En un pequeño sistema solar en una zona todavía no corrompida por el imperio celestial había un planeta que debido a sus gélidas temperaturas era inhabitable. Pero de una de sus dos lunas había florecido una civilización. Eran poco numerosos pero muy avanzados. La característica de los habitantes de Lunaria, que era como se llamaba la luna, era su piel azulada. Rubí no era una excepción, y su fino rostro estaba adornado por una muy bien cuidada melena roja, de pelos rizosos que llevaba atada en una larga coleta. Sus ojos grises y sus finos labios de un tono violeta le daban un aire místico. Debajo de la armadura protectora llevaba un grueso jersey también negro y unos guantes grises. Debido a las temperaturas bajo cero que soportaban en su luna natal estaban acostumbrados a ir bien abrigados. Llevaba unos pantalones ajustados negros llenos de cintas y fundas en las que guardaba cuchillos y diversas armas blancas. Unas botas grises forradas en su interior de una cálida lana blanca le protegía hasta las rodillas. En el grueso cinturón llevaba varias pistolas pequeñas, silenciosas y letales.
-         Muy bien, ya estamos todos – tronó la firme voz del lagarto – el imperio ha llegado antes de lo previsto, no tenemos tiempo que perder. Es hora de que los EVI entremos en acción.





sábado, 23 de abril de 2011

3- En la Zona Zero



Cuando Don Lombriz, el rey topo, había dicho que los llamarían al alba había sido por decirlo de alguna manera, ya que en la Zona Zero no existían las noches ni los días, el horizonte siempre permanecía blanco. Por eso los dormitorios de sus habitantes solían ser completamente oscuros. En la Zona Zero no había atmósfera, no había oxígeno, no había clima, no había absolutamente nada, todo había sido creado por los topos a base de generadores de aire, de clima, etc.
               Raptor, el lagarto, había llevado a los tres edenitas, León, Panterra y Flip a un edificio cercano al palacio que parecía ser una barraca de soldados. A pesar de ello estaba preparada con toda clase de comodidades que cualquier persona necesitara o más bien deseara. En las habitaciones del edificio de soldados convivían dos personas en cada una de las cincuenta que había en aquel edificio. El ambiente que se respiraba no era de soldados que estuvieran esperando el momento para ir a morir a la guerra, sino más bien parecía una apacible comunidad de vecinos. Todas Las habitaciones tenían su pequeño balcón, León estaba fuera observando el mundo o lo que fuese aquello que tenía ante sus ojos. Aquellos seres habían hecho realmente un trabajo impresionante. Aquel sitio no solo consistía en un montón de edificios rodeados de serpenteantes carreteras que se alzaban a decenas de metros, llegaban a entrecruzarse y formaban verdaderos nudos. Usaban la tecnología del teletransporte para traer cosas de los planetas vecinos, tales como tierra o agua y así habían creado parques, zonas de cultivo, granjas, tiendas, sitios para ocio, restaurantes. Se notaba que a aquella gente le gustaba la comodidad y que no había renunciado a ella. La diversidad de personas que circulaba por la calle ya fuese a pié o en aquellos extraños coches flotantes conducidos por robots, era sorprendente. No sólo había soldados, también había trabajadores y niños, indiferentemente de ambos sexos o de sexo indefinible. Pero a aquella dimensión le faltaba algo. Le faltaba la luz del sol calentando la piel, le faltaba el viento hondeando el cabello, le faltaba la lluvia que mojara los campos, le faltaba todo lo natural de un verdadero mundo. Panterra salió también al balcón y se situó al lado de su silencioso hermano apoyándose ligeramente en la reluciente barandilla plateada sin decir nada. Todos sus ideales, sus motivos de lucha no habían cambiado, sólo que habían adquirido una magnitud que los hacía sentir insignificantes. Hacía unas horas tenían importantes cargos en la resistencia en la ciudad Adan y ahora estaban entre un ejército inimaginable que pretendía enfrentarse al invencible imperio celestial. Era una buena noticia, debían sentirse regocijados, habían encontrado a un imperio entero luchando por su misma causa, sólo que aquello les quedaba grande y no podían evitar una sensación de insignificancia. Necesitaban tiempo para asimilar todo lo que había pasado en las últimas horas.
Toc, toc toc.
La puerta sonó. 
Eran Flip y un extraño personaje:
-         Que tal chicos, os presento a mi compañero de habitación, Tupe.
Era un pelos, pero éste llevaba puesto unos pantalones ajustados negros como los de los militares y una coraza negra encima del pelo que cubría por completo su cuerpo. Lo único que se le podía ver en su peludo rostro eran unos pequeños ojos negros que parpadeaban cada poco tiempo. No era de mucha estatura, medía aproximadamente unos 160  centímetros.
-         Encantada, yo soy Panterra.
-         Yo me llamo León.
-         Hola – dijo alegremente aquel personaje con voz apagada por el montón de pelos que le tapaba la boca – me han encargado guiaros por aquí, supongo que tendréis hambre.
-         La verdad es que me comería un caballosaurio entero – dijo Flip tocándose la barriga con las manos.
-         Seguidme.
Los tres edenitas siguieron a su peludo guía por el pasillo de su piso. Sólo en aquella planta habría treinta habitaciones. Se introdujeron en uno de los cuatro ascensores que había.
-         Supongo que tú eres un pelos, nos han dejado unos informes en la estancia a cerca de los aliados del rey topo, pero no he tenido tiempo de leerlos detenidamente – habló la curiosa Panterra - ¿qué clase de pueblo sois?
-         Mi mundo es pequeño y allí no pasan grandes cosas – el tono revelaba que el chico era bastante joven – no somos guerreros, somos un pueblo que renuncia a la violencia.
-         ¿Pero tú eres un soldado? – intervino Flip.
-         Es cierto, la verdad es que estáis ante el primer soldado pelo – dijo orgullosamente Tupe colocándose una mano en el pecho.
Bajaron un par de plantas y el ascensor se abrió para dar paso a una sala bastante grande que parecía ser de recreo. En ella había libros, juegos de mesa, recreativos y otros objetos cuya función desconocían por completo los edenitas.
-         ¿Y cómo es eso?, tus paisanos no estarán muy contentos contigo.
-         La verdad es que los grandes ancianos de mi mundo se oponían a ello e incluso me han prohibido volver a mi planeta, pero yo creo que todo esto también nos concierne a nosotros. Si no hacemos algo, tarde o temprano caeremos bajo el imperio, y si es así prefiero hacerlo luchando.
-         Es admirable, que te opongas a tu pueblo con la intención de protegerlos – dijo Panterra.
-         Bueno – suspiró el hombre peludo – espero que tarde o temprano se den cuenta de que es necesario, y que más compatriotas se opongan a nuestras estúpidas antiguas leyes y se unan a la causa.
León, como siempre, solo escuchó. No dijo nada aunque sintió admiración por aquel ser al que ni siquiera conocía.
               Pasaron aquella sala y entraron a un enorme comedor en el que había decenas de mesas. No parecía que fuese la hora de comer porque estaba completamente vacío. Lo cruzaron y abrieron una puerta blanca que daba paso a la cocina. Era enorme, estaba llena de fogones, hornos, planchas y demás maquinaria. En ella sólo había una pareja que estaba cocinando. Eran un hombre y una mujer de avanzada edad. Su piel era de un color anaranjado, de no ser por eso podrían pasar por edenitas. Él tenía un grueso mostacho negro canoso que le adornaba su rechoncha cara. Una gran cejota casi le tapaba los ojos. Llevaba un gorro blanco que solo le dejaba ver el pelo grisáceo de la nuca. Iba vestido con una chaquetilla blanca y unos pantalones gris azulado. Un delantal rojo lo tapaba para impedir mancharse el uniforme. Ella tenía la cara igualmente rechoncha pero unos bonitos ojos azules junto a una agradable sonrisa le daban un aire amable y bondadoso. También llevaba un gorro blanco, pero por detrás le  colgaban dos rubias trenzas curiosamente recogidas. También llevaba una chaquetilla blanca, pero en vez de pantalones llevaba una falda larga de color azul marino también tapada por un delantal.
               La mujer levantó la cabeza y los vio. Esbozó una sonrisa y se acercó a ellos.
-         Habéis venido pronto, todavía falta un poco para que la comida esté lista – aquella señora hablaba tremendamente rápido – mi nombre es Seta y aquel viejo gruñón de allí es mi marido Champi.
El hombre levantó su cejota y emitió un gruñido a modo de saludo, luego volvió ha posar su mirada en lo que estaba haciendo.
               León, Panterra, Flip, y Tupe estuvieron aguardaron unos pocos minutos sentados en el comedor esperando la comida. Tupe les habló de su planeta: de su clima, de su política, de sus tradiciones, etc. Para tres guerrilleros acostumbrados a vivir con la muerte cerca, era fácil  deducir que aquel bondadoso ser, a pesar de sus nobles motivos, jamás sería capaz de matar a nadie y difícilmente podría convertirse en un buen soldado. Los pelos no sabían realmente lo que era la violencia ya que su planeta estaba desprovisto de animales salvajes que superaran el tamaño de un gato y ellos eran diplomáticos, pacientes, muy respetuosos y jamás llegaban a las manos en disputas, fuesen del tipo que fuesen. Su planeta era un ochenta y cinco por ciento agua y el resto una enorme masa de tierra recubierta de una densa selva. Vivian en pequeñas comunidades familiares formadas por cabañas hechas con ramas y grandes hojas. Eran muy fieles a la familia que para ellos era lo más importante. La media de hijos de un matrimonio en Rastafari era de doce. De hecho Tupe era el hermano siete de nueve.
-         Aquí tenéis la comida muchachos – interrumpió alegremente Seta.
Y aquella agradable mujer empezó a traer bandejas de comida. Trajo muchísimas, bandejas de carne, de pescado, de arroz, de verduras varias, de frutas, de dulces, etc. Parecía que habían cocinado para diez personas al menos. León, Panterra y Flip no se habían dado cuenta del hambre que tenían hasta ver aquellas bandejas de apetitosos manjares. También les trajeron un excelente vino azulado y agua fresca para acompañar. Entonces la conversación quedó totalmente interrumpida. Tupe observaba atónito a los tres guerreros como devoraban vorazmente los excelentes alimentos. En media hora se habían zampado prácticamente toda la comida de las bandejas. Estaban tan hartos que apenas podían hablar.
-         Bueno – dijo al fin Tupe, el pelo – vamos a dar una vuelta por los alrededores a ver si se os baja un poco la comida.
-         Buena idea.
               Salieron del edificio y se pusieron a andar por las increíblemente relucientes calles. Panterra miró al cielo y no vio nada. Absolutamente nada. El cielo de  aquel extraño lugar era un infinito vacío blanco. Al cabo de unos segundos tuvo que agachar la vista ya que el vacío blanco acababa deslumbrando y los ojos empezaron a picarle.
-         ¿Alguna vez se ha investigado hacia arriba? ¿se sabe si hay algo allí?
-         Sí – habló su peludo nuevo compañero después de soltar un ligero suspiro – En un par de ocasiones, los geniales topos han mandado sondas hacia arriba. Una de ellas desapareció y nunca la volvimos a ver. La otra cayó del cielo tres años después, con fortuna en el parque. Ahí arriba no hay nada. Es difícil de comprender, pero es así.
La respuesta no pareció aliviar la curiosidad de la guerrera edenita.
Era increíble que los ingenieros de esta ciudad hubiesen puesto asfalto, baldosas, tierra, etc, encima de aquel extraño suelo albo, que al parecer nadie había conseguido taladrar, romper ni siquiera rayar. Las investigaciones que habían hecho no habían aclarado nada a los científicos, solo les había provocado mas preguntas sin respuesta. A pesar del poco acogedor extraño lugar, no se podía decir lo mismo de la ciudad que se había construido en él. Pasearon por un cercano parque en el que se había construido un estanque artificial. En él no había aves nadando, pero sí tenía bonitos peces de colores que se podían ver perfectamente en el agua blanquecina. La gente paseaba felizmente. Había parejitas de enamorados, la cual una de topos llamó la atención a los edenitas, había niños corriendo y jugando, había ancianos paseando tranquilamente. Lo que tenían en común todas estas personas, era que eran felices. León no pudo evitar sentir algo de envidia, por la suerte que tenía esta gente de tener un rey tan bondadoso.
               Después de pasear varias horas hablando decidieron que debían ir a ducharse y descansar para mañana estar en plena forma. Tupe y Flip, y Panterra y León regresaron a sus respectivas habitaciones. Mientras Panterra se daba un relajante baño con unas sales rosáceas que les habían dejado en la habitación, León se sentó en la cama cabizbajo, con los codos apoyados en las rodillas y las manos cruzadas. Todo aquello era frustrante, confuso. No podía siquiera saber que sentía. Alegría, dolor, tristeza, nostalgia, ira, alivio. Todos los sentimientos se cruzaban por su cabeza y en segundos desaparecían. Lo único que tenía claro es que debía luchar. Debía luchar para derrotar al tirano Don Mefistus III, el Dios. Tenía claro que quería un mundo mejor para los seres que quería, su hermanita pequeña, su mentor Mendigo, sus compañeros de la resistencia. Sí, debía hacerlo sobretodo por Panterra. Desde pequeño su maestro le había insistido en que debía cuidar de su hermana y así lo haría. Debía intentar ayudar a aliviar los sufrimientos que había causado la familia Sátirus  con su imperio celestial durante cientos de años. También sabía que él sólo era un hombre y que lo que podía hacer sólo era poco. Pero lo poco que pudiese dar lo iba a dar aunque le costase la vida.
               Cuando los dos hermanos estuvieron aseados se acostaron, y a pesar de las emociones del día se durmieron rápidamente. El cansancio lo superaba todo. Y así llegó el amanecer del siguiente día.

               Panterra abrió los ojos, miró la cama donde dormía su hermano y no estaba. Se incorporó y vio que el balcón estaba abierto. Se levantó fue al pequeño pero limpio baño de la habitación y se lavó bien la cara y los dientes con un higiénico cepillo blanco que les habían dejado a cada uno. Luego salió al balcón. Allí estaba León mirando con la vista perdida en el frío horizonte.
-         ¿Estás listo? – dijo a su hermano.
Sin quitar la vista del horizonte asintió.
-         Vamos.
Alguien picó la puerta. Los dos hermanos salieron de la habitación y allí los estaba esperando Raptor y Flip que estaba apoyado en la pared del pasillo con los brazos cruzados. Después de desayunar delicias preparadas por Champi y Seta se dirigieron al palacio para reunirse con el rey topo. Cuando llegaron al despacho del rey don Lombriz XIII él los aguardaba allí con otra persona.
-         Hola chicos – saludó amablemente el monarca - ¿habéis descansado bien?
-         Estupendamente señor – contesto la chica del grupo – gracias por vuestra hospitalidad.
-         Baa déjate de formalidades – dijo – os presento a mi sobrino hum, hum Seda. Él os acompañará en representación mía. A pesar de su juventud es muy inteligente y valeroso.
Era un simpático ser, parecido a su tío (tío abuelo de a saber cuantas generaciones). Su cuerpo estaba también recubierto de un pelaje color pardo grisáceo, pero él no tenía mechones canosos. Se notaba que era joven.
-         Mucho gusto – dijo el joven topo haciendo una reverencia.
-         El gusto es nuestro.
Raptor les contó que la resistencia en la capital había sido erradicada. A parte de unos pocos que habían conseguido huir, habían sido todos asesinados brutalmente por los soldados celestiales de la ciudad. Así que debían ir inmediatamente a Exilio, el país vecino que era dónde se encontraba el núcleo de la resistencia. El problema estaba que no sabían exactamente en que pueblo se encontraba el líder ni siquiera quien era.
-         Nadie de nosotros sabemos quién es nuestro verdadero líder. Las órdenes las da el capitán Fénix, que vive en Sombra, un pueblecito costero al este del país – explicó Flip
Los contactos de Raptor le habían asegurado que el subcomandante Sapus estaba preparando algo en contra de la resistencia, pero no sabían exactamente el qué.

León se sintió acongojado, ¿qué habría sido de su maestro Mendigo? Aunque fuera un hombre mayor y le faltara una pierna, estaba seguro de que habría conseguido ocultarse. Era demasiado inteligente y cauto para dejarse atrapar por sorpresa.
-         Muy bien, pues vamos.
Raptor, Seda, León, Panterra y Flip se dirigieron al edificio militar de teletransporte, que era por dónde habían llegado los tres edenitas y el lagarto el día anterior. En la entrada les esperaba un soldado que iba a acompañarlos también en el viaje. Parecía ser de la misma raza que los cocineros Champi y Seta. Era parecido ha los edenitas, pero algo mas menudo de estatura y su piel era de un color anaranjado. Su pelo era corto, liso y azabache. Era muy joven pero su rostro serio, de nariz un poco aguileña, grandes ojos negros y labios finos, reflejaban experiencia o al menos preparación. Se llamaba Trébol y también llevaba un ordenador en el brazo igual que Raptor. Los seis se dirigieron a los vestuarios y se les dio una coraza azul que al parecer también protegía de los molestos efectos que producían los viajes a través de los portales. Raptor no la necesitaba ya que la dureza de su cuerpo lo protegía pero también se la puso. Luego les dieron rifles láser de alta tecnología. Ya preparados, se dirigieron a la extraña sala blanca en dónde se encontraba la gran máquina. Allí los esperaba un topo vestido con una bata blanca, debía ser un científico. En una esquina de la habitación había un pequeño computador con un panel. En el panel había dibujado el mapa entero de Edén. Panterra le indicó exactamente donde se encontraba el pueblo de Sombra. El menudo científico se puso a hacer cálculos con el computador. Estuvo unos diez minutos y entonces de debajo de los cuernos de aquel enorme aparato que colgaba del techo se abrió un portal con su característico brillo y su ligero sonido metálico.
Raptor se adelantó:
-         ¿Estáis preparados?
Los demás miembros del grupo asintieron. Entonces Raptor saltó el primero en el portal y desapareció. Después le siguió Seda, consecutivamente León, Panterra y Flip. Y por último Trébol.   

martes, 22 de marzo de 2011

2- La única esperanza



Todo se volvió negro, León se encontró dando vueltas en la absoluta oscuridad, la absoluta ausencia de todo. 

No sabía si estaba boca arriba, boca abajo o si había arriba o abajo. Un malestar en el estomago le provocaba náuseas. Gritaba pero no podía escuchar su propia voz, y no había nadie que pudiera escucharla. Los oídos le silbaban y le producían dolor. Y en décimas de segundo todo se volvió blanco; entonces chocó fuertemente contra una pared. Luego se percató de que no era una pared si no el suelo. El suelo de una habitación cubierta con baldosas rojas muy desgastadas. Se dio la vuelta en el suelo y vio que encontraba en una sala de algún edificio muy antiguo. Intentó incorporarse y pudo ver al extraño lagarto bípedo de brazos cruzados esperando. Pero un retortijón lo hizo retorcerse de dolor y empezó a vomitar. Mientras, de reojo pudo ver como de la nada aparecía Panterra, y a los pocos segundos también Flip, que al intentar incorporarse también se pusieron a vomitar.
-         Sois unos seres muy débiles. – comentó burlonamente el reptil.

                  Pasaron unos minutos hasta que las náuseas desaparecieron. Finalmente se pudieron incorporar, mareados, con dolor de estómago y con la boca sabiendo a bilis, pero sanos y salvos.
-         Gracias, nos has salvado la vida – dijo Panterra aún respirando entrecortadamente al lagarto – pero ¿dónde estamos?
-         Si, ¿y qué diablos ha pasado?, ¿qué clase de brujería es esta, que aparecemos de repente en esta apestosa habitación? – habló nerviosamente Flip.
-         Tranquilos, yo soy un enviado. Me han mandado para rescataros, pero aún no hemos salido del peligro, mirad por la ventana.
Los tres comandos se asomaron y vieron que no habían ido muy lejos. Estaban dentro de la antigua catedral, abandonada desde hacía una década; desde que el Dios había prohibido las religiones, y había introducido la suya propia. Básicamente contaba sus logros, y enseñaba a adorarlo, adularlo y a agradecerle su bondad. La catedral era el edificio más alto de la zona, miraron abajo y pudieron ver a los soldados buscando por las calles. Desde otra perspectiva  pudieron observar la magnitud de la trampa, efectivamente querían exterminarlos, habría cientos de soldados.
-         No os preocupéis, no subirán aquí.
-         Le agradecemos que nos haya salvado la vida, pero, ¿podría hacernos el favor de contarnos que está pasando aquí? – preguntó frustrada Panterra.
-         Yo no soy quién os tiene que dar explicaciones, yo soy un enviado, me llamo Raptor, soy el único superviviente de un mundo que fue destruido por vuestro “gentil” emperador. Habéis viajado a través de portales, es un descubrimiento de nuestro líder.
-         ¿De qué estas hablando? ¿qué líder?, no entiendo nada – interrumpió alterado Flip.
-          Tranquilízate Flip – intentó calmarlo Panterra, y dijo luego dirigiéndose al lagarto – debes entender que esto es para nosotros muy confuso, apareces de la nada y nos salvas de una muerte segura.
-         Yo solo soy un militar, cuando os lleve ante nuestro líder él os lo explicara todo. Tenemos que esperar unos minutos, ya que he tenido que improvisar para sacaros de allí. Mi cuerpo resiste los viajes interdimensionales sin problemas, pero el vuestro debe reposar al menos una hora.
El lagarto abrió la tapa protectora del ordenador que llevaba en el brazo y empezó a pulsar botones, al parecer calculando o introduciendo coordenadas.
Estuvieron un rato en silencio. Aquella sala era muy oscura, las paredes eran metálicas, algo común en la arquitectura de Edenia, que sin la calefacción activada se volvían terriblemente frías. La vieja catedral era de forma cónica y acabada en punta. En ésta había un enorme pararrayos, al igual que todos los edificios altos de la ciudad, ya que solían sufrir devastadoras tormentas eléctricas. Por fuera el edificio era de un color rojizo, pero la ausencia de cuidado y las lluvias de barro, lo habían vuelto de un color pardo sucio. La sala en la que estaban parecía una antigua habitación de algún monje. Tenía un somier vacío en el medio con una ostentosa y oxidada cabecera cuyo forjado formaba espirales. Un armario metálico también oxidado estaba junto a ella. Los tres comandos estaban sentados en el viejo jergón, y el lagarto que media alrededor de dos metros permanecía inmóvil, sin siquiera pestañear, con los brazos cruzados enfrente de la azulada puerta cerrada.
               Finalmente Raptor habló:
-         Ya ha pasado el tiempo suficiente. El viaje que vais a hacer ahora a través del portal os llevará a un lugar a millones de años luz de aquí y su duración será apenas unos segundos. Si queréis saber lo que realmente está pasando en el universo, seguidme. Si al contrario no queréis venir, quedaros aquí, en donde tarde o temprano la guardia celestial os encontrará y os aniquilará, a menos que quieran usaros para sus experimentos.
Raptor tocó un botón de su pequeño ordenador y la misma luz que los tres guerreros habían visto cuando se les apareció el lagarto la vez anterior, se creó como de la nada, saliendo de un punto en el aire en cualquier lugar.
-         ¿Vamos?- dijo el reptil de espaldas al trío, sin girarse. Dio un paso adelante y desapareció.
León, Panterra y Flip se quedaron mirándose los unos a los otros.
-         ¿Qué hacemos? – preguntó a sus compañeros Panterra, jugando nerviosamente con los rojos rizos de su pelo.
-         Está claro, pasar de este chalado e ir inmediatamente a avisar a nuestro superior – le contestó nerviosamente Flip, que no paraba de moverse de un sitio a otro.
-         Yo creo que debemos seguirle – le contradijo León al que no le gustaba mucho hablar – nos ha salvado la vida, pero ha dicho que era un simple enviado y que si queríamos saber lo que pasaba en el universo debíamos seguirlo. Algo gordo está sucediendo.
-         Yo opino lo mismo – habló Panterra – no creo que sea nuestro enemigo, y está claro que la resistencia en la ciudad no durará mucho tiempo. Habéis visto que se nos adelantan en nuestras acciones. Hemos de buscar ayuda y tal vez ese reptil nos la pueda conceder.
-         ¿Os habéis vuelto locos?- replicó Flip levantando los brazos – puede que si nos metemos ahí no volvamos jamás con vida.
-         Recapacita Flip, aquí sí que tenemos los días contados. Yo estoy decidido.
-         Yo también – afirmó la chica – hemos de hacerlo.
Los dos hermanos se acercaron al lugar en donde había desaparecido Raptor. León miró a los ojos a su hermana la cual hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Entonces los dos saltaron a la vez al portal desapareciendo al instante. Flip se quedó solo en la habitación. Se apoyó abatido en la lisa pared. -¿qué debo hacer? -  Los recuerdos de sus compañeros le vinieron a la cabeza. - No quiero acabar como ellos - estaba claro que en la ciudad ya no había futuro para él a excepción de la muerte.- ¡Qué demonios!- Sin pensárselo más cogió carrerilla y corrió hacia el portal. Y aquella oscura y húmeda habitación se quedó vacía.
              
               La segunda vez fue peor. León, Panterra y Flip habían vomitado ya todo lo que tenían para vomitar y ahora lo único que les salía por la boca era saliva con amarga bilis.
               Al recuperarse estaban en una sala completamente blanca, paredes, techo y suelo, todo era albo a excepción de un enorme aparato que había en el centro colgado del techo, repleto de cables y lucecitas de colores. Terminaba en dos cuernos que apuntaban al suelo, estos desprendían una especie de luz azul.
-         Seguidme - habló el lagarto después de haber esperado pacientemente a que los tres miembros de la resistencia fueran capaces de ponerse en pie.
En un extremo de la sala había una puerta, también blanca. Raptor la abrió y un río de ruido rompió el absoluto silencio de la inmaculada sala. Ruido de gente, mucha gente. Aparecieron ante una inmensa estancia en donde personas iba de allá para acá vestidos con uniformes militares, con monos de trabajo, con batas de doctores, con ¡taparrabos! Pero no todo eran personas. Había extraños seres de todo tipo. Unos que eran como simios con el cuerpo repleto de pelo, a excepción de sus diminutos ojos, había personas de color azul, una especie de pequeños seres que parecían topos, cyborgs, etc. Los tres edenitas quedaron pasmados, anonadados, con la boca abierta sin ser capaces de pronunciar palabra alguna.
-         Esto es la base militar de la Zona  Zero. La auténtica resistencia al Dios.
-         ¿Qué son esos seres? ¿de dónde han salido?- finalmente habló Panterra sin quitar ojo a las personas que pasaban por delante de sus ojos.
-         Es un ejército creado por habitantes de planetas aliados a la causa, por supervivientes de planetas destruidos por vuestro emperador, o grupos de mundos que han sido esclavizados y se niegan a vivir sin libertad.
-         Parece un ejército realmente grande, habrá un líder o un rey, alguien que dirija todo esto - habló León
-         Ahora os llevaré ante él. Seguidme.
Cruzaron aquella inmensa sala. Nadie se fijó en ellos. Raptor saludó un par de veces a personas que se cruzaron con él. Finalmente llegaron a una puerta verdosa que daba a un largísimo pasillo. Era ancho y también transitado por individuos que entraban y salían. Llegaron a otra puerta y la abrieron. Daba al exterior, pero el exterior, era algo inimaginable. Ante ellos se extendía una ciudad visiblemente inmensa, pero aunque sus edificios eran extraños, de forma oval y de color metálico lo que más llamó la atención fue el cielo. Una atmósfera blanca cubría aquella ciudad. No había nubes, no había aves ni insectos que surcaran en él.
-         ¿Qué clase de mundo es este? - Preguntó Flip rascándose su pelo azabache y con las cejas enarcadas.
-         Bienvenidos a la Zona Zero. Esto no es ningún mundo. Es una dimensión que nuestro estimado líder encontró. Esto es la ciudad Uno, está en medio de la nada. En esta zona no hay nada, es el vacío absoluto. Solo hay un extraño suelo de color blanco hecho de un material inclasificable el cual no ha podido ser dañado por ningún medio que nosotros conozcamos.
-         Si no hay nada, ¿cómo es que hay oxígeno? ¿cómo podemos respirar con normalidad?
-         El oxígeno es generado artificialmente. Cuando se encontró la Zona no era habitable en ningún aspecto, pero la tecnología y la inteligencia de nuestro líder nos permitió levantar esta espléndida ciudad.
-         Claro, y si esta zona es un vacío, significa que no tiene final, y que está capacitada para albergar el mayor ejército del universo – dedujo Panterra
-         Exacto, además permanece oculto al imperio celestial.
Mientras hablaban un extraño aparejo oval se acercó a ellos. No tocaba el suelo, se suspendía en el aire. En su interior había unos no muy espaciosos asientos con una capacidad aproximada de seis individuos. Iba pilotada por un hombre completamente metálico, un androide. No llevaba ninguna prenda de vestir iba completamente desnudo. Su cuerpo era completamente plateado y brillante. Llevaba un símbolo grabado en su pecho moldeado y de apariencia musculosa. El símbolo consistía en un martillo enfrente de una corona. Una pequeña puertecita se abrió para permitir el acceso al interior del curioso aparejo. El androide se giró, sus ojos eran completamente rojos, una sonrisa de su inicialmente inexpresivo rostro se dibujó en la comisura de sus metálicos labios.
-         Buenos días Raptor, ¿Cómo va?
-         Buenos días Alpha, pues bien, trabajando. – respondió el lagarto enarcando sus ojos carentes de cejas ni pestañas.
-         ¿Nos traes nuevos aliados? - el tono del robot era siempre el mismo, costaba enterarse de cuando formulaba una pregunta, pero Raptor parecía estar acostumbrado a tratar con él.
-         Creo que sí.
El vehículo se puso en movimiento. Salieron de aquel callejón y fueron a parar a una inmensa autopista por la cual circulaban cientos de autos similares a tremenda velocidad. Los tres edenitas no dejaban de observar aquel insólito paisaje. Los edificios más o menos grandes eran todos iguales, ovalados hermosamente brillantes de color plateado. La autopista se elevaba y volteaba edificios alcanzando alturas vertiginosas.
-         ¿Por qué todos los coches son pilotados por androides? - preguntó León.
-         Porque son los pilotos perfectos, el índice de accidentes en nuestras carreteras es de 0 %.
-         Fascinante.
En el horizonte asomó un descomunal edificio, que a diferencia de los demás era cúbico. Era de tal dimensiones que no se podía ver hasta donde se extendía.
-         ¡¿Qué demonios es aquel edificio?!- exclamó Flip apuntando con las dos manos abiertas hacia la edificación.
-         Aquello es la Madriguera, el palacio de nuestro líder.
La autopista viraba a la derecha pero ellos cogieron un desvío que llevaba al palacio. Encontraron una barrera custodiada por dos androides de color azul, al igual que Alpha, completamente desnudos a excepción de un cinturón provisto de una enfundada pistola. Sujetaban una enorme lanza cada uno.  Raptor y Alpha los saludaron, y ellos después de esbozar una extraña sonrisa en sus metálicos labios se lo devolvieron. Después abrieron las enormes barreras. Finalmente llegaron a un estrecho túnel.
-         A parir de aquí hemos de seguir a pie - dijo con su férrea voz Alpha.
El túnel había llegado al final. Aparcaron el coche en una cavidad situada en la pared. Bajaron de él y se apartaron. Alpha se dirigió a un panel que había al otro extremo de la pared y presionó unas teclas. Hubo un ruido de mecanismos y engranajes activándose. León, Panterra y Flip no se habían percatado de que el coche había sido situado en una plataforma, que se deslizó haciendo desaparecer el automóvil por la abertura.
-         ¿Qué es esto?
-         Es un parking. ¿es que en vuestro mundo no tenéis?  Bha! No importa, seguidme.
A pocos metros había un ascensor que los condujo a la superficie dejándolos frente al inmenso palacio. De cerca aún se apreciaba más el descomunal tamaño de aquella edificación. Ante aquellas gigantescas puertas, también custodiadas por centinelas metálicos, parecían insectos. Sin preguntar los centinelas abrieron las verdes puertas entraron encontrando una grandiosa sala. Sus paredes estaban empapeladas de algún material aterciopelado rojo, y recubiertas de variados cuadros en los que había paisajes, retratos, animales, dibujos abstractos, etc. Entre cuadro y cuadro había una escultura apoyada en la pared. Ninguna de ellas era igual, bustos, guerreros, animales… Parecía un auténtico museo. En el centro de la sala había un mostrador y detrás de él el ser más hermoso que jamás habían podido ver los ojos de los  tres edenitas. Una chica de ojos azules como el mar, sonreía mostrando sus relucientes y perfectos dientes que honraba permitiendo verlos entre sus carnosos labios. Cualquier mortal habría matado para poder besarlos. Unos larguísimos cabellos dorados le caían por los hombros tapándole sus desnudos pechos. Los dos chicos edenitas no podían dejar de mirarla. Un hilillo de baba se deslizó por la barbilla de Flip.
Una melodía salió de su boca:
-         Hola Raptor, ¿cómo te encuentras?
-         Hola Agua, estoy bien, traigo a tres miembros de la resistencia del planeta Edén.
-         Lo sé, el jefe os espera en su despacho. Pasad.
-         Gracias.- el reptil parecía ser una persona de pocas palabras.- Vamos.
Pero la pareja, León y Flip no escuchaban, en su cerebro solo cabía aquel majestuoso ser, que les estaba devolviendo la mirada. La hermosa chica les sonrió y el corazón de los dos hombres se encogió. De repente el lagarto los cogió por los hombros y los arrastró hasta el ascensor que ocultaba una puerta roja y azul. El elevador empezó a ascender al parecer a una velocidad endemoniada.
-         ¿Chicos que os ha pasado ahí fuera? - Panterra no podía creer que unos guerreros forjados en le fragor de la batalla pudieran bajar la guardia con tanta facilidad.
-         No los culpes – intervino Raptor – Agua, bajo su deslumbrante belleza, es también una guerrera hechicera maestra del embrujo. Si hubieseis mirado bien os habríais dado cuenta de que detrás del mostrador ocultaba la parte inferior de su cuerpo.
-         ¿Ocultaba?, un ser tan maravilloso seguro que no tiene nada de ocultar – hablo con un ligero tono de enojo Flip.
-         Excepto una cola de pez por piernas – espetó Raptor tranquilamente.
-         ¿Una cola de pez?, ¿estas diciendo que aquella chica es una sirena? – Panterra habló incrédula – eso es imposible, las sirenas no son mas que mitos.
-         Es posible que sea cierto – intervino León – yo he notado magia a nuestro alrededor, me era imposible dejar de mirar sus ojos.
-         Y tan posible, Agua es una de las hijas de la bellísima y adorada emperatriz del planeta Oceania, Elementália uno de nuestros mejores aliados, y está aquí en función de embajadora y también por decisión suya de protectora de nuestro emperador. De paso también ejerce de secretaria, por supuesto, voluntariamente.
-         No puede ser – Flip se sentió frustrado, por unos segundos viendo a aquella chica había creído haber encontrado al ser más perfecto que jamás pudiera existir. Ahora no le importaba que fuese una sirena, lo que le llenó el corazón de amargura fue pensar que para él era inalcanzable.
 
               En pocos segundos el ascensor se paró. La puerta se abrió, y aparecieron en un pasillo, alumbrado por unas farolas colgadas en sus paredes que emitían una tenue luz anaranjada. Estaba pintado de rojo, lo que lo hacía algo oscuro. A pesar de que no entraba en él el menor rayo de luz natural carecía de humedad, estaba a una temperatura ideal. En el fondo de él había una puerta de doble hoja pintada de un color verdoso la cual había sido tallada con un cuidado y una maestría asombrosa. Hojas y ramas se cruzaban y entrelazaban formando una auténtica obra.
-         Yo os esperaré aquí fuera. Entrad, nuestro señor os espera - Raptor se situó en un rincón al lado de la puerta con los brazos cruzados, y cerró sus ojos de dos párpados.
León, Panterra y Flip se miraron mutuamente, sin decirse nada avanzaron hacia la puerta. León giró el dorado pomo de la puerta y empujó. Todos esperaban un enorme trono con un gran rey vestido con ropajes de fina belleza, tesoros por doquier, lo que cualquiera podía imaginar de un rey, emperador, líder o lo que fuese que gobernase una ciudad tan rica y de tan avanzada tecnología. Pero en la sala que había detrás de aquella puerta no había nada de eso. Era una especie de despacho lleno de trastos. Las paredes estaban completamente tapadas por estanterías repletas de libros. La estancia, a pesar de ser de tamaño notable, no tenía apenas sitio para nada. El suelo estaba lleno de montañas de libros y pergaminos amontonados y de aparatejos que se movían por donde podían. Minúsculos robots de formas diversas. En el centro de la sala había una mesa color madera, casi oculta también  por papeles y libros.
-         Parece que aquí no hay nadie… - habló Panterra
-         Bienvenidos, os estaba esperando – la interrumpió una voz de anciano algo chillona.
De detrás de una pila de libros salió una extraña criatura. Era parecido a los que habían visto en la base dónde estaba el teleportador. Mediría poco más de un metro y treinta centímetros. Su aspecto era el de un topo, un gracioso hocico sostenía unas pequeñas gafas. Un par de dientes se asomaban de su boca tapándole el labio inferior. Su cuerpo estaba recubierto por un pelaje pardo moteado de gris, y de las mangas de su sencilla túnica roja, se asomaban unas pequeñas manos provistas de unas grandes garras. Sus pies iban descalzos y también estaban provistos de unas grandes zarpas.
-         ¿Es usted el rey de este pueblo? – preguntó perplejo Flip.
-          Ooo perdonen, un momento – el pequeño ser empezó a buscar encima de su mesa entre las montañas de papeles
-         Aaa ya lo tengo, ¿ahora si? – de debajo un montón de pergaminos sacó una diadema dorada adornada con un cristal turquesa engarzado. Se la colocó en la frente encima de un mechón gris que tenía como flequillo. - ¿tengo mas aspecto de emperador?
-         ¡No es posible! – Flip, enarcó las cejas y boca formando una mueca sarcástica, casi grosera, y alzó las manos – ¿éste animalito es el líder de todo esto? ¿nos toman el pelo?
-         ¡Calla Flip!, ¿no has oído hablar nunca del Rey Topo? – lo cortó León con los ojos abiertos como platos por la sorpresa.
-         Aaa, veo que has oído hablar de mi, jeje, me presento ante vosotros, soy Don Lombriz XIII, emperador de la Zona Zero, si, si, jeje
-         ¿Quién demonios es este topo?, ¿Me lo puedes explicar León? – Flip no paraba de mover los brazos nerviosamente.
-         Una vez nos contó Andrus – narró recordando León – que dos mil años atrás hubo un planeta en una galaxia vecina, en donde vivía una civilización de avanzadísima tecnología, los Topos. El abuelo de nuestro emperador actual Mefistus, Duduriel el Manco, intentó persuadirlos para que se aliaran con ellos, ya que su tecnología haría avanzar notablemente al imperio. El gran rey topo se negó; entonces enojado, el emperador decidió invadir el planeta y secuestrar a aquellos seres para obligarlos a trabajar como esclavos y así convertirse en el pueblo mas avanzado del infinito - León suspiró y continuó sin que nadie lo interrumpiera -  Pero al parecer, cuando los soldados imperiales llegaron al planeta no había absolutamente nadie. Todo el pueblo topo había desaparecido. Así que enfurecido, Duduriel hizo desaparecer el planeta. Nunca más se supo de aquella civilización. Dicen que el gran rey topo tiene más de mil años.
-         ¡No! – lo interrumpió el presunto gran rey topo – sólo tengo setecientos noventa y ocho, pero el resto es mas o menos cierto. Sentaros, creo que vosotros no os habéis presentado, sois un poco maleducados hum, hum.
León se arrodilló e hizo una reverencia al topo.
-         Perdone nuestra falta de educación, mi nombre es León, miembro de la resistencia en Edenia.
Panterra hizo lo mismo.
-         Mi nombre es Panterra, también miembro de la resistencia.
 Flip se quedó unos segundos anonadado parpadeando con la boca abierta sin saber muy bien que hacer, de pronto reaccionó y se puso de rodillas también.
-         Yo soy Flip.
Don Lombriz XIII, gran emperador topo, les buscó tres taburetes y los colocó frente a su mesa para que se sentaran los tres miembros de la resistencia contra el gran emperador Don Mefistus III apodado Dios. Los edenitas se sentaron nerviosos y curiosos por saber que querría un hombre, o topo en ese caso, tan importante de ellos y el motivo por el que los había salvado. El gracioso emperador de la Zona Zero de un pequeño brinco se sentó en un cómodo sillón marrón que tenía detrás de su mesa.
-         Tengo muchas cosas que contaros - y la verdad es que no hay tiempo que perder hum - tosió ligeramente Lombriz XIII, tapándose la boca con su pequeño pero mortífero puño - empecemos.
<Los topos somos una raza de científicos, y estudiosos en todas las materias, pero somos pacíficos, la guerra no nos interesa para nada. Hace muchos años mi difunto tío Gusanus  descubrió algo que iba a cambiar el universo. Algo muy útil pero en manos malvadas muy peligroso. Descubrió que trozos de rocas que caían en agujeros de gusano, aparecían de nuevo en otra galaxia, intactos. Los agujeros eran puertas interdimensionales. Así podíamos viajar a años luz de distancia en el mismo tiempo en que dura un parpadeo. Con mi ayuda construyó una máquina capaz de crear portales. Desgraciadamente mi tío murió sin haber terminado la máquina, así que yo la continué. Un día haciendo pruebas descubrí esta dimensión. Todavía no se dónde esta situada en el infinito y ni si se puede situar, así que la llamé la Zona Zero. Cuando la descubrí en ella no había completamente nada, ni siquiera oxígeno, así que decidí construir un generador. Me pareció que podría ser un buen refugio en tiempos de dificultades en donde mi pueblo poder ocultarse>
-         Eso es muy interesante y todo lo que usted quiera pero no veo que tiene que ver con nosotros – interrumpió agitado Flip.
-         ¡No me interrumpas! – Las cejotas del pequeño y anciano topo se arrugaron casi tapando por completo los minúsculos ojos negros que ocultaba detrás de las gafas. Su tono era firme, Flip se estremeció, bajó la mirada arrepentido y no dijo nada más.
-         ¿Por dónde iba? Hum, aa sí, ya me acuerdo. – continuó el relato.
< Muchos años después una enorme nave entró en nuestra atmósfera. Se presentó ante mi un hombre que decía que venía de parte de el gran Duduriel, nos dijo que debíamos ofrecer nuestros servicios al gran emperador, para luchar por su causa, que no era mas que conquistar planetas, saquearlos, robarlos y destruirlos. Por supuesto rechacé su propuesta. A Duduriel no le hizo ni pizca de gracia, así que mandó sus tropas contra nosotros. Pero a las pocas semanas cuando llegaron a nuestro querido planeta Contre, ya no estábamos. Nos refugiamos aquí, ya que nosotros no teníamos armas para defendernos de tan brutal ejército. Vimos en nuestros ordenadores como, a nuestro pesar, nuestro planeta era reducido a cenizas. Gracias a nuestros discretos aliados, los Pelos, del planeta Rastafrari, pudimos subsistir y empezar una vida en esta desolada dimensión. Seguro que habéis visto a algún Pelo por nuestras instalaciones. Así que decidí que debía plantar cara a ese tirano, y tenía un arma que podía equilibrar la balanza: la máquina de mi tío. Empecé a estudiar los pasos del imperio, y en ocasiones conseguí salvar a habitantes de planetas que iban a ser destruidos o esclavizados. Así mi ejército fue creciendo. También perfeccioné la máquina, para poder abrir portales rápidamente y salvar a personas en situaciones extremas como por ejemplo vosotros. >
-         Perdone nuestra impaciencia, poro los tres estamos deseosos de saber el motivo por el que nos salvó a nosotros, tres simples guerreros – habló Panterra, con más educación que su compañero.
-         Si, es a lo que voy ahora - continuó el rey topo – con el tiempo he conseguido valiosísimos aliados, y tengo espías por todo el imperio celestial. Hace poco un espía de gran confianza que tenemos en las tropas de la ciudad Adan, nos informó que el imperio había descubierto dónde estaba escondida la base principal de la resistencia: en Exilio, el pobre reino vecino.
-         ¡Eso es terrible! - exclamó León alterado – ¡debemos avisarlos como sea!
-         Tranquilo, chico, el ataque será efectuado pasado mañana al alba, será implacable, no hay posibilidad de que nadie sobreviva, excepto que se unan a nosotros, claro está, tendrán que abandonar su tierra y venir a vivir aquí. Sino serán todos aniquilados.
-         A qué esperamos – se levantó nerviosamente Flip, derribando la silla en la que estaba sentado.
-         Tranquilos, hay un pequeño problema - dijo después de un profundo suspiro – y es que nosotros no sabemos exactamente dónde está situada la base y necesitamos las coordenadas exactas para teletransportarnos allí. El buen Raptor os encontró y pensó que vosotros nos podríais ayudar en ello, por eso os salvó.
-         Claro que podemos ayudaros – habló enérgicamente Panterra – ahora mismo os lo digo…
-         No, hum - lo interrumpió el rey -  ahora debéis descansar, mañana a primera hora de la mañana os vendremos a buscar. Ahora seguid a Raptor que os llevará a unos aposentos en donde podréis asearos y descansar y os llevará a una cocina en donde os prepararán algo para comer.
Panterra hizo ademán de hablar, pero una simple mirada de aquel pequeño rey hizo que se mordiera la lengua y asintiera.   
               Salieron de la sala sin decir nada, los tres edenitas necesitaban tiempo para asimilar todo lo que aquel peculiar rey les había contado. Raptor los estaba esperando apoyado en la pared con los brazos cruzados y los ojos cerrados que abrió al sentirlos salir.
-         ¿Ya habéis terminado? - dijo secamente – seguidme.
Cuando salieron del ascensor vieron que la angelical muchacha que estaba en la recepción, de espalda a ellos, estaba sentada en una especie de silla que tenía dos piernas mecánica y, efectivamente, no tenía piernas. Tenía una brillante y plateada cola de pez. Pasaron por su vera pero ella no levantó la cabeza y siguió inmersa en la computadora que tenía enfrente. El corazón de Flip se encogió pero no dijo nada.